Corre el año 1936. Luego de convulsiones y contratiempos con el gobierno, una corporación brasileña logra un éxito sin precedentes en su oferta de acciones y logra reunir suficiente capital para explorar el pozo São João, en Alagoas, sorprendiendo a la opinión pública al anunciar el descubrimiento, a profundidad de 250 metros, de los primeros chorros de “gas de petróleo” en Brasil.