Así lo reflejaron los principales exponentes del sector energético y minero en el panel "Grandes Inversiones Estratégicas para el Desarrollo Argentino", en el marco del CouncilARG 2025, organizado por el Consejo de las Américas.
El potencial de Vaca Muerta fue uno de los ejes centrales del debate.
Juan Martín Bulgueroni, de Pan American Energy, destacó los avances en infraestructura como el oleoducto Vaca Muerta Sur (Vemos) y los proyectos de exportación de gas natural licuado (GNL), pero advirtió que será clave mejorar la competitividad mediante capacitación, eficiencia y un marco regulatorio estable.
En minería, Guillermo Caló, CEO de Río Tinto, remarcó el crecimiento en producción de litio con nuevas plantas en Salta y la expansión tras la compra de Arcadium Lithium.
A su vez, Martín Pérez de Solay, de Glencore, anunció inversiones por miles de millones en cobre, con proyectos en Agua Rica y El Pachón, destacando que el país puede convertirse en un actor global si logra resolver los cuellos de botella en infraestructura y seguridad jurídica.
Por su parte, Martín Genesio, CEO de AES Argentina, planteó la urgente necesidad de modernizar el sistema eléctrico tras décadas de desinversión. Resaltó que Argentina puede abastecer la creciente demanda de energía para data centers y tecnologías limpias, si se impulsa la participación privada y se garantiza una regulación eficiente.
Los referentes coincidieron en que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) es una herramienta necesaria para atraer capitales, pero insistieron en que debe ir acompañado de reformas laborales e impositivas, así como mejoras en logística y recursos humanos para aprovechar el momento.
Con la confirmación del segundo barco de GNL en Río Negro, Argentina ya tiene un plan concreto para convertirse en proveedor mundial de gas licuado, con exportaciones por más de U$S 20.000 millones proyectadas hacia 2035.
El panorama es prometedor, dicen los empresarios es prometedor, pero el mensaje es claro: sin reglas claras, estabilidad macroeconómica y colaboración entre Estado y sector privado, el tren de las inversiones podría seguir de largo.
Fuente: El Economista