Las exigencias medioambientales comunitarias llevarán en 2030 a la desaparición de dos tercios de los empleos en minas y centrales, principalmente, en los países del este de la UE.
Puede ser que el daño ya esté hecho: por mucho que la devaluación del peso argentino logre ser controlada, sus consecuencias en el corto plazo serán más inflación, pobreza y desempleo.