ENERGÍA. El conflicto ha puesto en evidencia la dependencia que tiene el país de combustibles importados, en un contexto de caída de la producción de gas natural y menores ingresos por su exportación.
El estrecho de Ormuz es una de las rutas más importantes para el transporte mundial de petróleo. Cualquier interrupción en ese corredor genera presión sobre la oferta global e impulsa al alza los precios del crudo. Para Bolivia, que importa una parte significativa del diésel y la gasolina que consume, esto se traduce en mayores costos para abastecer el mercado interno.

Durante el panel “Impacto de la guerra entre EE.UU. e Irán y la crisis global del petróleo", organizado por la Carrera de Comercio Internacional de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM), tres especialistas coincidieron en que el impacto para Bolivia no se limita a la coyuntura internacional, sino que revela problemas estructurales acumulados durante años.

“El valor del petróleo fluctúa de acuerdo con las leyes de la oferta y la demanda, y este tipo de conflictos bélicos generan un estrés en el mundo entero, lo que afecta los precios y a países como Bolivia, que es principalmente gasífero y cuya su producción de petróleo es insuficiente para cubrir la demanda interna de combustibles líquidos”, explicó Iver Von Borries, director ejecutivo de la Cámara Boliviana de Hidrocarburos y Energía (CBHE).
La situación es más compleja para el país, porque la caída constante de la producción de gas natural ha incidido en una reducción de las exportaciones y, por ende, de los ingresos que durante años generaron las ventas a Argentina y Brasil. Estos fondos permitían cubrir la creciente factura de importación de combustibles.

Von Borries advirtió que el impacto de la crisis internacional se amplifica debido a esta situación. “Si hay un evento geopolítico como la guerra entre Irán y Estados Unidos y el valor de ese commodity se encarece, lamentablemente es el Estado boliviano el que debe pagar ese incremento, porque ha fijado un precio (para el mercado interno) y debe comprar el petróleo más caro”, señaló.

Pablo Mendieta, economista y director del Centro Boliviano de Economía (Cebec) de Cainco, sostuvo que Bolivia ha pasado de beneficiarse de los altos precios de los hidrocarburos a enfrentar una situación similar a la de un país importador neto de energía. “Hoy día, en términos netos, es como si fuésemos un importador de petróleo. O sea que un alza del precio nos afecta negativamente”, afirmó.

Efecto en el día a día

Los efectos no se limitan al sector energético. El incremento de los costos de los combustibles repercute en el transporte, la logística y el precio final de numerosos productos. El economista y docente, José Antonio Alberti, advirtió que los conflictos internacionales terminan llegando a la economía cotidiana. “Los problemas específicos de ciertas economías o ciertos países que generan conflicto se vuelven problemas globales. Y esos problemas globales repercuten en los mercados, en las actividades económicas y finalmente en las familias”, señaló.

Más allá de la coyuntura internacional, los panelistas coincidieron en que la crisis vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de fortalecer la seguridad energética del país. Esto pasa por la reposición de reservas de gas, la atracción de inversiones para exploración y producción, la revisión del sistema de subsidios y la diversificación de la matriz energética.

“Estamos en una situación que nos afecta de forma directa. Un hecho aparentemente aislado y tan distante, tiene un impacto directo en la economía boliviana”, reiteró Von Borries.

La tensión en Oriente Medio podría disminuir en las próximas semanas, pero le está pasando factura al país. El conflicto puso en evidencia la fragilidad de un modelo que hoy depende cada vez más de combustibles importados y cada vez menos de los ingresos que alguna vez generó el gas natural, lo que marca la urgencia de contar con una nueva Ley de Hidrocarburos y seguridad jurídica para impulsar la reactivación del sector hidrocarburífero.

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